Prensa

The chinese way

Pulso , rva
29 noviembre, 2012

La que fuera una nación hostil para los extranjeros se ha convertido en el destino con mayores oportunidades comerciales.

Apenas uno aterriza en Beijing, la tentación es inevitable. Tipeo “Google.com” en mi teléfono y me sorprendo con la página “NO DISPONIBLE” que cae como un rayo. Exactamente lo que uno sabía que iba a ocurrir. Pero había que sentirlo. Y bueno, no sería el primer contraste después de venir del Congreso Regional Asiático de Propiedad Intelectual, en Chiang Mai, Tailandia, al cual por cierto China no asiste por razones políticas.

Las distintas caras de China son impresionantes, pero no son nuevas. Lo que estudiábamos bajo el capítulo “Un país, dos culturas”, hoy es una potencia económica que según la OCDE ya alcanzó a la zona euro y probablemente supere a Estados Unidos como la número uno antes de 2020.

El país de la copia, de la imitación, de la “versión” china de todo. Parece absurdo ir a hablarles de temas de innovación, creatividad o patentamiento, la verdad. Pero el gobierno y las empresas chinas tienen muy claro que en la nueva economía global no basta con los commodities y bajos costos de producción. Y tanto las compañías privadas como estatales hoy están investigando, innovando, creando cosas nuevas, entendiendo que la consolidación de una economía debe basarse en el conocimiento y en la capacidad de agregar valor a los procesos productivos.

Hablamos de recursos naturales, industria automotriz, telecomunicaciones, servicios financieros; la nueva economía de China y su creciente apertura internacional no implican sólo mano de obra barata o garantía de consumo interno masivo.

No pensemos que, por estas razones, la cancha está mucho más pareja para los inversionistas extranjeros que hacen negocios en China. Bien lo saben los exportadores chilenos que ya llevan años lidiando y aprendiendo de este verdadero chinese way, particularmente en materias de propiedad intelectual e industrial. El propio Apple salió trasquilado hace poco en un bullado juicio para recuperar su marca “iPad”, cerrando un acuerdo por una millonaria suma no revelada, luego de reiterados fracasos judiciales. Pero sin duda hay importantes avances políticos y legislativos que se están desarrollando al ritmo del sostenido crecimiento chino, mientras la comunidad internacional observa con interés el grado de concreción de las garantías que públicamente han ofrecido sus autoridades.

Y los números, como todo en China, son simplemente espectaculares: nada menos que un 33,4% de crecimiento en solicitudes de patente internacionales, con la gigante local de las telecomunicaciones ZTE Corporation aventajando por primera vez a la japonesa Panasonic como la primera a nivel mundial. A corta distancia Huawei Technologies, otra de las nuevas estrellas chinas, se anotó tercera con casi 2 mil nuevas invenciones, resultantes de su ambicioso plan de inversión en investigación y desarrollo.

Innovación en serio, pero a la manera china, claro. Pues mientras ocurrían importantes cambios en la propia cúpula del Partido Comunista, luego de los escándalos que afectaron a algunos de sus más importantes dirigentes (lo que se supone explicaba el enorme despliegue policial y militar que me tocó presenciar), pude ver en carne propia cómo los jóvenes se agolpaban para conseguir el último teléfono o tableta, con la misma o quizá más ansiedad que sus pares en el resto del mundo. Sin Google y sin Twitter, reclamando por la aletargada banda ancha -cuya lentitud atribuyen con o sin razón a los filtros y al control estatal permanente de Internet-, lo cierto es que la hiperconectividad y el nacimiento de sus propias redes sociales (Weibo, QQ, Weixin), han explotado con inusitada fuerza, en lo que se avizora como un desafío prácticamente inabordable para el Partido Comunista chino. Google, se rumorea, observa estos cambios y espera ansioso un nuevo momento y condiciones propicias para volver a operar en la nueva potencia económica del planeta.

Al fin y al cabo, con la misma dificultad inicial que supone conseguir un taxi o dar con una dirección en Beijing -con sus 20 millones de habitantes atiborrados en modernos edificios que contrastan con enormes poblaciones bajo un sol anaranjado por la contaminación-, la inversión y exportación hacia China están transformado lo que fuera un campo hostil para los extranjeros en uno de los destinos con mayores oportunidades comerciales del mundo. Aun cuando la apertura económica no vaya necesariamente de la mano con la apertura política. Por su parte, la inversión y creciente interés comercial de China por nuestra economía, de la cual dio cuenta nuevamente y hace pocos días el embajador Yang Wanming, en el marco del Seminario Legal ALFA International en Santiago, no hacen sino ratificar que las oportunidades de intercambio comercial y tecnológico, basadas en nuestro Tratado de Libre Comercio, estarán en el centro de la discusión pública sobre desarrollo y planes estratégicos de nuestra economía en los próximos 20 años.

Habrá entonces que adaptarse. Y aprender a hacerlo así:  the chinese way.

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